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Retos de la Corona Británica en política exterior y su papel en la Commonwealth tras el adiós a Isabel II

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Por Sergio Gómez Coronado

La noticia del fallecimiento de Isabel II, el 8 de septiembre de 2022, supuso un gran impacto a nivel mundial, debido a lo que representaba la figura de una de las monarcas más longevas de todos los tiempos. 

El presente artículo tratará su papel respecto a aquellos territorios que en su día conformaron el Imperio Británico, y los retos a los que deberá enfrentarse su sucesor, Carlos III, en ese sentido. Asimismo, se hablará sobre la Commonwealth, un organismo de especial relevancia para abordar el tema.

Antecedentes de la Commonwealth y el papel de Isabel II en política exterior británica

La época de descolonización trajo consigo la merma del poder político y territorial del Reino Unido. Sin embargo, pese a que la mayor parte de los territorios bajo dominio británico lograron la independencia, muchos mantuvieron a Isabel II como Jefa de Estado. En este sentido, la reina consiguió, a través de su figura, mantener la unidad y la estabilidad.

La Commonwealth, se situaba en sus inicios cuando Isabel II accedió al trono. A continuación, se detallan los antecedentes de la organización:

El Reino Unido y sus diferentes colonias conformaron una comunidad de naciones en el año 1884. Diez años después, la comunidad de naciones cambió su nombre a Mancomunidad Británica de Naciones y, en 1931, se reconoció la libertad que tenían los países miembros para legislar interna y externamente. Además, a partir de 1950 pertenecer a la Mancomunidad no implicaba sumisión a la corona británica (Lemus Rodríguez, y otros, 2021). 

Poco después su creación, entre los países que abandonaron la ya denominada Commonwealth está la República de Irlanda. Sin embargo, ingresaron otros países como India, que, aunque se proclamó república, siguió formando parte de la organización. La actual Commonwealth está integrada por 56 países, de los que quince han mantenido a Isabel II como Jefa de Estado (Lemus Rodríguez, y otros, 2021).

“La unión lograda por la reina se explica por la convicción de que era su deber mantener aglutinadas esas naciones en torno a lo que había sido el Imperio Británico”, afirma la Directora de Esglobal

Isabel II tuvo que negociar distintas y espinosas cuestiones durante su reinado para mantener la unidad. Ejemplo de ello fue la declaración unilateral de independencia de Rhodesia en 1965 o la solicitud del primer ministro de Canadá de la repatriación de la Constitución en 1980. Asimismo, en países como Australia, fueron tomando fuerza movimientos republicanos. 

Además, la soberana convivió con escándalos como Windrush; con la denuncia de las actitudes de muchos Estados Miembros de la Commonwealth hacia los derechos LGTBI; y con la poca solidaridad mostrada en ocasiones por la Mancomunidad en los foros internacionales.

Pese a todo, “Isabel II era una firme creyente en la Mancomunidad de Naciones, incluso cuando sus propios primeros ministros habían perdido hace tiempo la fe en esa organización”, señala el historiador S. Lang.

Conceptualización, funcionamiento y marco de la Commonwealth 

Para Ossorio (1999), la Commonwealth es una “asociación de Reino Unido con sus antiguas colonias que han adquirido la condición de plenamente independientes, pero que reconocen a la Corona Británica como símbolo de libre asociación”.

Se trata de una institución creada con la finalidad de resolver los problemas económicos y políticos entre sus miembros asociados, así como la protección de las libertades y derechos de estos (Lemus Rodríguez, y otros, 2021).  Dichos miembros, que pueden ser dependientes e independientes, están asociados libre y voluntariamente. 

Los países miembros dependientes podrían ser independientes, pero territorialmente son muy pequeños: colonias dependientes de la Corona Británica o de las Naciones Unidas, estados bajo protectorado, o estados asociados. Mientras, los países que son miembros independientes tienen soberanía propia: monarquías diferentes a la corona británica o repúblicas (Lemus Rodríguez, y otros, 2021). 

La Mancomunidad de Naciones no tiene regulación o normativa que la rija. Sin embargo, cabe destacar: la Declaración de Balfour de 1926, el Estatuto de Westminster de 1931, la Declaración de Singapur de 1971 y la Cumbre de Edimburgo de 1997. Además, en 2012 se estableció un estatuto de compromiso con valores tales como la democracia o la garantía de la paz y de seguridad. 

Actualmente, la Commonwealth, que es dirigida por el soberano de Reino Unido, se integra de la siguiente manera: presidente, vicepresidente, comité ejecutivo, secretaría general, asamblea general, oficiales de la asociación, entre otras figuras. 

Las misiones diplomáticas de los países miembros son denominadas altas comisiones y los embajadores (representantes de los países miembros) son conocidos como altos comisionados (Lemus Rodríguez, y otros, 2021). 

La cooperación política, económica y cultural entre los países miembro, tres de los cuales, India, Reino Unido y Canadá, están entre las principales economías del mundo, es una de las máximas. De hecho, entre los países existe lo que se conoce como “la ventaja de la Mancomunidad”.

“La principal utilidad de la organización es que pone en un lugar de igualdad a potencias económicas y países en desarrollo, lo que facilita el intercambio comercial o cultural”, explica el investigador K. Komireddi. Sin embargo, en la actualidad, la Commonwealth ha perdido importancia en el aspecto económico, ya que la Unión Europea ofrece mayores ventajas económicas.

Contexto de los países vinculados a Reino Unido tras el fallecimiento de Isabel II

Actualmente, Carlos III sigue siendo el jefe de Estado de 15 países y el jefe de la Commonwealth. Este cargo no es hereditario, pero en 2018, después de que la reina lo solicitara, los miembros acordaron que su hijo la sucedería en el cargo. 

Tras la muerte Isabel II, el mantenimiento de la concordia y la unión de los territorios vinculados a Reino Unido significa todo un reto para Carlos III: en el caso de varios países que mantuvieron a la reina como jefa de Estado, el vínculo con ella es tan específico que se requiere modificar sus constituciones para aceptar al nuevo rey. 

Además, campañas republicanas suenan en distintos estados: 

Antigua y Barbuda anunció su intención de votar en referéndum si su sucesor debe seguir siendo el soberano de Reino Unido. “Este no es un acto de hostilidad entre Antigua y Barbuda y la monarquía, pero es el paso final para completar ese círculo de independencia y que seamos verdaderamente una nación soberana”, señaló el primer ministro Gaston Browne.

Jamaica ratificó a Carlos III como monarca, pero, antes de la sucesión en la jefatura de Estado, ya había trasladado sus planes para convertirse en una república. “Nosotros pretendemos cumplir nuestras verdaderas ambiciones como un país próspero, desarrollado e independiente”, comentó el primer ministro Andrew Holness.

Australia (que ya celebró en 1999 un referéndum para determinar su régimen político, en el que se rechazó la república) ha ratificado a Carlos III como jefe de estado. Sin embargo, el gobierno liderado por el primer ministro Anthony Albanese ha designado a un Secretario de Estado para la República.

En una situación similar se encuentra Nueva Zelanda, donde su Jefa de Gobierno, se ha mostrado convencida de que “vería al país convertirse en república a lo largo de su vida”, pero no lo considera como “una medida a corto plazo”.

En El Caribe es donde más fuerza ha tomado el movimiento republicano. En la región, donde seis países siguen vinculados a la Corona Británica, nació la república más joven del mundo: Barbados. Este es el ejemplo más reciente de un miembro de la Commonwealth que abandona la monarquía británica. 

Desde que Barbados se convirtió en república en 2021, otros reinos de la Commonwealth en El Caribe han insinuado que podrían seguir sus pasos: Bahamas, Granada, Papúa Nueva Guinea…

Finalmente, en Canadá, el movimiento republicano es más débil y no está organizado en torno a un gran partido político. Además, “el país ha sido tradicionalmente reacio a plantear el debate por cuestiones internas desgarradoras, como el independentismo en Quebec”, apunta Manzano.

A modo de conclusión, se puede afirmar que la situación de la Commonwealth, así como, en general, de los países vinculados a Reino Unido, ha estado marcada, en gran medida, por la inestabilidad desde que el Imperio Británico se fue descomponiendo. 

Isabel II logró mantener la unidad y superar con mano izquierda las distintas crisis que se fueron sucediendo a lo largo de su reinado. Sin embargo, el hecho de que la jefatura de estado de determinados territorios siga recayendo en la monarquía británica, así como el correcto funcionamiento de la Mancomunidad de Naciones, no han dejado de cuestionarse. 

En esta nueva etapa de soberanía en Reino Unido, está por ver el papel que jugará Carlos III, un monarca, que, de entrada, cuenta con una popularidad y reconocimiento mucho menores a los de su antecesora. 

Sea como fuere, nos encontramos ante un nuevo porvenir de la institución respecto a sus estados afines, que está por escribir.

Bibliografía

  • Lemus Rodríguez, A. J., Contreras Arriaga, H. M., Bolaños Mejía, J. J., Gonzales, V., Ernesto, D., Palencia, C., . . . Chevez Juárez, E. (2021). Sistemas de Gobierno. Revista del Doctorado en Derecho Constitucional, 135-148.
  • Ossorio, M. (1999). Diccionario de ciencias jurídicas, políticas y sociales. 1.a Ed. Editorial Datascan S.A.

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