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La geopolítica del Ártico

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Por Alicia Bravo

En las últimas décadas estamos presenciando cómo el cambio climático y el consiguiente deshielo en la Antártida están modificando las características físicas del océano Ártico, aumentando la accesibilidad a la región. Este suceso está aportando nuevas opciones viables de explotación de los recursos naturales del área y la aparición nuevas rutas de comunicación y comercio a través de este. 

La “geopolítica del Ártico” es una expresión referente a la competición geopolítica que se da entre las grandes potencias sobre esta región, cobrando cada vez más relevancia en el orden internacional. 

Desde una dimensión marítima, el Ártico es definible como un mar prácticamente cerrado. Rodeado por dos masas continentales, Eurasia y América, y con dos únicas salidas, con el estrecho de Barents al Pacífico y otra al Atlántico, por una masa de agua que se halla entre Groenlandia, el norte de Escocia y la península escandinava. Las duras condiciones de vida en él han marcado las relaciones en el orden internacional, sobre todo entre los cinco Estados bañados por sus gélidas aguas: Rusia, Canadá, Estados Unidos, Dinamarca y Noruega.

Tradicionalmente, se ha considerado al Ártico como el océano más pequeño del planeta y ha sido tratado como una zona lejana y misteriosa. Pero fue a partir de la Segunda Guerra Mundial cuando comenzó a adquirir protagonismo, no sólo por ser la ruta de vuelo más corta entre los continentes para el lanzamiento de misiles balísticos durante la Guerra Fría, sino porque, en él, los submarinos nucleares soviéticos y norteamericanos se atacaban mutuamente. Tras la caída del muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría, este océano volvió a su condición de estabilidad, de región deshabitada e inhóspita.

Rusia tiene una posición privilegiada en cuanto al acceso y explotación de los recursos del Ártico y a la nueva ruta marítima del Norte, provocando así la reanimación de los deseos rusos de convertirse de nuevo en una potencia mundial y restaurar su capacidad militar. Tras la Guerra Fría, esta área se convierte en una zona de cooperación y de baja tensión geopolítica hasta que Rusia pone en marcha de nuevo sus grandes objetivos como nación. Pero no sólo Rusia tiene un papel relevante, China entra al juego sin ser siquiera un actor ártico parte geográficamente de la región.

Esto ha forzado al resto de países bañados por el misterioso océano, sobre todo a Estados Unidos, a reorganizar sus posiciones estratégicas en la región, aunque implique un aumento de las tensiones. De esta manera, hemos visto cómo Estados Unidos creaba un cargo de embajador en el Ártico en agosto de 2022, a la vez que la OTAN aumenta su presencia en el intento de hacer frente al aumento de actividad militar rusa en el área.

Las particularidades geográficas del Ártico han dado lugar a que, históricamente, no existan numerosas regulaciones o estructuras de gobierno. Fue a partir de la Guerra Fría, coincidiendo con el aumento del interés por la región por parte de Rusia, cuando se empezaron a crear estas estructuras políticas de gobernanza regional. Pero éstas eran poco eficientes debido a la competente presencia de los cinco estados bañados por el Ártico y sus intereses en la región, que aplicaban bajo su conveniencia las regulaciones nacionales e internacionales más oportunas para desafiar la competencia entre ellos.

Sigue destacando, como estructura política y legislativa efectiva, el Consejo Ártico creado en el año 1996. Este foro de cooperación está conformado por ocho países miembros: Canadá, Dinamarca, Noruega, Finlandia, Islandia, Rusia, Suecia y Estados Unidos, a la vez que se compone también de numerosos países observadores, entre los que encontramos a España, India, Corea del Sur, China, etc. Tiene como objetivo el mantenimiento de paz y estabilidad en la región. En cuanto a las regulaciones internacionales dirigidas a éste, encontramos las referencias a las regulaciones sobre el Derecho del Mar, concretamente, sobre la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS).

RECURSOS NATURALES

La relevancia de esta región viene dada, en parte, gracias a su riqueza en recursos naturales. Estudios de los servicios geológicos estadounidenses indican que el 22% de las reservas mundiales, no descubiertas y accesibles, de gas y petróleo se encuentran en el Ártico. Siendo importante mencionar que la mayor parte se encuentran en zonas bajo la soberanía rusa. 

Además, podemos encontrar cantidades ingentes de minerales, como oro, hierro o tierras raras. Cada vez, se encuentran más gracias a las nuevas tecnologías, pero también al proceso de deshielo. Encontramos también numerosos caladeros de pesca que aportan el 4% a la cantidad total mundial de capturas pesqueras. 

RUTAS COMERCIALES

Pero no son relevantes únicamente los recursos naturales que aporta el Ártico, sino que se trata también de una zona de navegación marítima de suma importancia. El deshielo hace aparecer nuevas rutas viables, aunque, actualmente, sólo hay 3 principales. La ruta del Norte, o noreste, es la más navegable de las tres y transcurre por las costas rusas. La ruta del Noroeste se ubica en el Ártico canadiense y reduce la distancia entre Rusia y Estados Unidos en un 15% aproximadamente, pero está muy restringida y es demasiado peligrosa para la navegación comparada con las otras dos. La tercera ruta es la Transpolar, que transita por aguas abiertas, es cercana al Polo Norte geográfico y se considera que esta tendrá una gran relevancia a partir de 2065.

Como ya se ha mencionado, tras la caída de la Unión Soviética en 1991, el Ártico perdía gran parte de su valor geopolítico y se transformaba en un espacio de paz y cooperación, como ya había predicho el último presidente de la URSS, Mijail Gorvachov, en su célebre Declaración de Murmansk. En ésta habían nombrado seis objetivos concretos para convertir al Ártico en una zona pacífica que se convertirían en principios a seguir por las naciones miembros del Consejo para esta transformación hacia la calma. Ésto cambiaba en la década de los 2000, cuando Rusia comenzó a reinvertir, reubicarse y remilitarizarse en la región (“renacimiento Ártico”). Las infraestructuras portuarias, el desarrollo tecnológico y la extensión geográfica de Rusia le dan una posición líder en la zona, divisando, en los últimos años especialmente, cómo intenta imponer sus reglas. 

En mayo de 2019, en el Consejo Ártico, el Secretario de Estado estadounidense Mike Pompeo identificaba las nuevas amenazas que estaban surgiendo para la región y para el gobierno estadounidense, advirtiendo a Rusia y a China sobre cualquier tipo de acción agresiva en la zona y la respuesta que supondría por parte del gobierno de Donald Trump. En 2020, el presidente ruso Vladimir Putin, aprobaba la Política de Rusia para el Ártico hasta el 2035”, en la que desarrollaba su expansión económica y la protección de la soberanía sobre la región, que proclama como propiedad de la nación rusa. Su agencia nuclear, Rosatom, se encargaría del control burocrático sobre la ruta noreste, que considera ruta nacional rusa con un importante lugar para el mercado mundial, y sobre la limitación del tráfico de buques militares de países extranjeros.

En la actualidad, el Ártico ha dejado de ser una zona de paz; ahora es una zona competitiva y en la que las potencias luchan por el poder a escala mundial. Tras la invasión rusa de Ucrania, hemos asistido a ver como los siete estados árticos, miembros del Consejo Ártico, suspendían su participación en este. El no contar con un foro de comunicación o de cooperación entre Rusia y el resto de naciones árticas provoca que sea difícil la resolución de las tensiones.

Según expertos, la ausencia de las relaciones entre Rusia y el resto de países de la región provoca una mayor facilidad de entrada para otros miembros, dando lugar esto a la congestión futura de la zona y produciéndose un aumento de la competitividad. Y no sólo Rusia ha emprendido medidas legales para aumentar sus derechos sobre el Ártico, sino que Canadá, Dinamarca y Groenlandia también lo han hecho. Aún así, si bien existen multitud de tensiones, también podemos encontrar ciertas relaciones de cooperación como las que se dan entre Rusia y Noruega.

La dependencia rusa de las economías europeas está provocando que la explotación de los recursos árticos sea su gran oportunidad para cambiar esta situación. Si consiguiera el pleno control de la ruta del Noreste, la economía rusa se acercaría aún más a la región Asia-Pacífico, haciendo posible el deseo de Putin del giro hacia Asia. No obstante, no podemos olvidar a la población indígena local que reivindica su derecho a la autodeterminación y libre disposición de sus recursos naturales, siendo opacada constantemente por los grandes intereses de los países ya mencionados.

CONCLUSIÓN

El deshielo está provocando que el Ártico pase de ser un espacio blanco helado a ser uno de aguas azules que le convierten en un océano de suma importancia en el tablero geopolítico; tiene un enorme potencial para el futuro de las relaciones en el orden mundial y será clave en los próximos conflictos. Aún no es el escenario principal de competición entre las grandes potencias del siglo XIX, pero puede llegar a convertirse en él en un futuro no muy lejano.

Bibliografía

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